La premisa del Instituto Corvilud es personalizar la educación en cada situación de salud o enfermedad. El objetivo: "el BIEN-ESTAR". Más que hablar de "pacientes", preferimos referirnos a "alumnos" que aprenden a conocerse mejor y gestionar su vida. Mejor que curar, es enseñar a no enfermar. Y si esto último acontece, disponemos de herramientas a medida para acompañarte a VIVIR tu proceso. Ulizamos Imágenes Freepik (Freepik.es)
martes, 28 de diciembre de 2021
«De qué hablo cuando hablo de correr»
jueves, 23 de diciembre de 2021
«Música, deporte... y una tregua en Navidad»
La definición de «música» en el diccionario de la lengua española contempla en una de sus acepciones el «arte de combinar los sonidos de la voz humana o de los instrumentos, o de unos y otros a la vez, de suerte que produzcan deleite, conmoviendo la sensibilidad, ya sea alegre, ya tristemente».
Desde nuestros orígenes, la música y el deporte han estado vinculados entre sí y han servido de asiento para las sociedades. Así lo expresaba Pitágoras al hablar de la asignatura de las musas, y también queda reflejado en textos de Platón:
«Hay que proceder seriamente en las cosas serias y no al revés. La vida debe vivirse jugando los más bellos juegos, con un sentido contrario al de ahora: considerar la guerra como una cosa seria.../.... en la guerra apenas se da el juego ni la educación, que nosotros consideramos como lo más serio. También la vida de paz debe llevarla cada uno lo mejor que pueda ¿Cual es la manera justa? Hay que vivirla jugando, jugando ciertos juegos, hay que cantar y danzar para poder consagrarse a los dioses, defenderse de los enemigos y conseguir la victoria».
El 24 de diciembre de 1914 marcó una fecha en el que el poder de la música y el deporte impusieron su victoria en las trincheras que enfrentaban a alemanes y británicos durante la Primera Guerra Mundial. Tras vocear promesas como «Tú no disparar, nosotros no disparar», algunos de los hasta entonces enemigos se deleitaron con canciones. Las tropas alemanas comenzaron a entonar «Stille Nacht» (Noche de paz) y las británicas respondieron con villancicos en inglés. Sú música sustituyó al silbido de las balas y fue acompasada por gritos de alegría, saludos y acercamientos por tierra. Se intercambiaron pequeños obsequios (comida, tabaco, alcohol, botones y sombreros). La artillería de la región se quedó en silencio. Fue una verdadera noche de paz que acordaron prolongar al día siguiente (Navidad), para poder verse de nuevo y honrar y enterrar a los soldados fallecidos. Cantaron, bailaron y hasta jugaron al fútbol. El balón fue un instrumento para armonizar aún más el vínculo surgido pese a los edictos «anticonfraternización» que les habían impuesto sus superiores.
Soldados que se habían estado matando por decenas de miles durante meses salieron de sus trincheras empapadas en sangre para buscar un resquicio luz entre los horrores de la guerra. La música y el deporte, entre otros, les abrieron los ojos para contemplarse como humanos y hermanos, no como combatientes en Campos Flandes. Gestos como este nos devuelven la magia de creer en la navidad y nos ayudan a recordar que música y deporte son potentes instrumentos para vivir en sociedad. Nos permiten crear esperanza donde todo parecía perdido. Son el timón que debe gobernar nuestros corazones rumbo a derribar fronteras y barreras de cualquier tipo (edad, sexo, raza, cultura).
¿Te permites hacer tregua en Navidad?
Juega, canta, baila... ejercita el corazón para vivir (y convivir) en paz.
sábado, 18 de diciembre de 2021
«Navidad: tiempo de dar, tiempo de dar-se»
viernes, 17 de diciembre de 2021
«Cuento de Navidad»
«Torre de marfil,
Casa de oro
Puerta del Cielo,
Estrella de la mañana»
Hay palabras que evocan belleza, luz y esperanza. Resuenan de forma positiva... hasta que el ruido de las preocupaciones (no siempre justificadas), la prisa, el egoísmo o la superficialidad las confina a un olvidado rincón.
Llevamos casi dos años inmersos en una avorágine de desilusión y desesperanza. Hemos dejado de creer en nuestros sueños y posibilidades. Desconfiamos de todos y de todo. Fingimos con palabras vanas y gestos falsos la felicidad que anhelamos. Más allá de si recuperamos «la normalidad», ¿volverá «la felicidad»?
«Un cuento de Navidad para Le Barroux» (Natalia Sanmartin Fenollera; Editorial Planeta, 2020) narra la etapa de la vida de un niño en el que un desencadenante vital (el fallecimiento de su madre) le hace caer en esa espiral de preguntas, desconfianza y desilusión que todos hemos vivido alguna vez. El libro no menciona el nombre de este niño, lo que ayuda más aún a que el lector se identifique con él. Con la búsqueda de una señal que parece que nunca llega.
Su trayecto incluye los recuerdos de un tiempo pasado y el aprendizaje a través de la observación (en particular, le encantan las arañas) y el estudio. Se sirve de los ejemplos que encuentra en dos libros: «El Gran Libro de las Maravillas de la Ciencia», «El Gran Libro de los Héroes de la Biblia». Es decir, es un movimiento combinado y elegante que articula ciencia, creencia y experiencia. Lo más importante es que nunca pierde la esperanza. Cada día es una nueva oportunidad de preguntar por esa señal. Pasan una, dos y hasta tres navidades para poder encontrar la respuesta que anhela.
La sorpresa llega al darse cuenta de que... la respuesta estaba ahí. Como una estrella el día de Navidad, como la señal de Gedeón. Brillando en su corazón.
No desesperéis en esta etapa turbulenta que atravesamos. Pasarán una, dos, tres o diez navidades. Cuando bajemos el volumen al ruido, las palabras de belleza, luz y esperanza volverán a resonar en y desde nuestro corazón.
Título: «Un cuento de Navidad para Le Barroux»
Autora: Natalia Sanmartin Fenollera
Editorial Planeta, 2020
Ilustraciones: Michaela Harrison
miércoles, 8 de diciembre de 2021
«Recetas de Adviento»
Aunque los turrones llevan semanas (o meses) ocupando los pasillos de los supermercados, es en diciembre cuando el espíritu de la Navidad cobra su mayor fuerza. Se palpa en el ambiente el anhelo de magia, buenos deseos, felicidad y nuevos propósitos. Sin embargo, podemos acabar presos de la tiranía del comprar, imitar, envidiar o simular que todo es maravilloso cuando, en realidad, no lo sentimos así. Eso no nos enriquece y puede agravar la tristeza de sentirnos diferentes, infelices, incompletos. No hay peor nostalgia que la que añora lo que ni siquiera se tiene.
En este «Calendario de Adviento» (EUNSA. Ediciones Universidad de Navarra. 2019), Mar Dorrio nos proporciona una receta diaria que marida con pautas concretas con las que cocinar la más sabrosa Navidad. Leer este libro no sólo ayuda a PRE-parar sino que invita a RE-parar. «Reparar» es «darse cuenta» de la necesidad del alimento físico diario, pero también emocional y espiritual. Nos hace ver la forma de nutrirnos de forma sana para recibir lo que estas fechas nos deparen. «Reparar» también es «recomponer», «remediar», restablecer los daños, ofensas o agravios que hieren nuestras vidas.
El espítitu navideño que hilvana cada receta es el de una Navidad cristiana. La autora otorga un papel fundamental a los personajes del misterio del Belén y otros motivos religiosos. Pero no pretende dirigirse a un colectivo concreto de lectores creyentes; este libro puede ayudar a quienes no conocen/creen en otra cosa que en las luces, los lazos de los regalos o que practican otras costumbres o tradiciones. Pueden cambiar su acepción del «espíritu navideño» (que no es otro que el «Espíritu Santo») y de otros figurantes de este maravilloso belén, pero aprenderán que la fuerza está dentro de ellos mismos. No hay ningún Sr. Scrooge capaz de sabotear sus sueños. No debe darles vergüenza cantar a Michael Bublé a todas horas o disfrutar de un chocolate caliente con mucha canela. Este recetario brinda pistas para personalizar regalos, cocinar juntos y crear mesas dignas de Hogwarts. Es posible decorar la casa soñando con El Cascanueces, leer otra vez Cuento de Navidad, recuperar las alas tras el sonido de unas campanillas, y volver a enamorarnos. A enamorarnos de esa persona, de nuestra vida, de nuestros seres queridos, de nuestro hogar.
Los lectores paledearán un mensaje universal que se hace viral por el efecto de una estrella con cola de cometa; esa que buscábamos cada noche cuando éramos niños. Esa que sigue apretando el botón de «me gusta» para encender nuestro corazón. Cada Navidad, para unos; a pesar de ella, para otros. ¿De verdad crees que es casualidad que toda la tierra se vista de fiesta en estas fechas?
No seas Grinch y échale un vistazo a las recetas de este libro. Seguro que querrás saborearlas en una verdadera «Feliz Navidad» y repetirlas para conseguir un «próspero año nuevo».
Os dejo un pequeño «menú» para que vayáis abriendo boca con lo que os encontraréis en este libro. Le dedico la reseña a «ella», la protagonista de este 8 de diciembre: la virgen María. La influencer en la que podemos inspirarnos para hacer de cada Navidad una «novedad», un «trending topic» que no muera en la instantaneidad y la prisa. Que nos permita avanzar pese a las dificultades, como las que vivimos de pandemia. Miremos adelante, abracemos la «novedad»; no volvamos a lo que nunca había sido una (vieja) «normalidad».
Día 1: activa el «modo avión». Apaga los prejuicios. ¿Por qué vivir de perfil y no de frente?
Día 2: «minuto cero». Lápiz y papel para dibujar el mapa de tareas. Que cada una tenga un sentido para no tener la impresión de vivir apagando fuegos, sin más.
Día 3: «la intrahistoria». Hay días que todos recuerdan porque se entregan las medallas, pero es la intrahistoria donde se gesta la victoria.
Día 4: «microbrefing». Tengamos diálogos sinceros que nos preparen ante situaciones potencialmente conflictivas. Hay que gestionar presupuestos, labores, opciones. Establezcamos pactos.
Día 5: «Lista de compras». Nos podemos guiar/encomendar a la más genuina «personal shopper», la Virgen María.
Día 6: «el puente de diciembre». No hay mejor momento para que nuestra mejor ingeniera de telecomunicaciones nos ayude a edificar los puentes que nos comunican con seres queridos. Los que están lejos, o aquellos de quienes nos hemos alejado. Olvidemos la soberbia, el orgullo, la vanidad y reedifiquemos sobre ladrillos de perdón y reconciliación. Es el momento de los puentes de las relaciones personales.
Día 7: «Envolver lo delicado». Los regalos van envueltos con cuidado y mimo. Así deben surgir también nuestras palabras y acciones. Debemos aprender a envolverlas de forma que llegue el mensaje, pero sin que nadie se hiera. Que nadie se haga daño.
Día 8: «Día de la Imnaculada». Día de que nuestros actos e intenciones vayan impregnados de una profunda reflexión sobre cómo lo haría ella: cómo miraría, qué diría. Porque ella tiene un «blue style» característico de actitud humilde, de acogida, de aceptación. Es la «influencer» en la que todos podemos mirarnos.
Día 9: «Curarnos de la cenicientitis». Aunque sean tiempos festivos, la vida sigue dándonos lecciones de sufrimiento. Debemos robustecernos frente a las falsas promesas de que el mundo es perfecto y maravilloso. Es necesario hablar del dolor, del esfuerzo, incluso de la muerte. Podemos aprovechar para establecer un «plan solidario». Poner nombre y fecha a esas acciones que nos harán conscientes del sufrimiento como realidad, pero también de la oportunidad de abordarlo, de ayudar.
Día 10: «Felicitar la Navidad». Dediquemos tiempo a hacer una lista de personas y buscar la mejor forma de hacerles llegar nuestra felicitación.
Día 11: «Desayunos». Momento de nutrirnos para el resto del día. Hagamos nuestros propios y merecidos «desayunos con diamantes», pactemos un desayuno fuera de casa y démonos un premio. Oportunidad para repetir a los nuestros nuestros gestos de amor.
Día 12: «Efecto Patronus». Podemos llevar a cabo sencillas acciones diarias que envuelven en una burbuja de protección frente a los dementores, malas compañías, fracasos. Un hechizo que hace fácil lo difícil y que lanza dardos a los enamorados mejor que todos los san Valentines juntos. Bastan 15 minutos de concentración, en la oración, en el rezo del rosario, en la meditación. Cada uno, según sus posibilidades.
Día 13: «Solomillo Wellinghton seco». ¿Y si se nos quema el solomillo? Debemos darnos cuenta de que no pasa absolutamente nada. Depurar las culpas y contagiarnos de sonrisas.
Día 14: «Conocer». Dedicar un día a conocer-le, conocer-nos. Ahondar un día el descubrir qué es lo que trae en estas fechas la ilusión. Es posible que no sea real, que sea un cuento.... ¡pero no ha desilusionado a nadie!
Día 15: «Atrezzo». Dentro de todo «microbriefing» debe haber cabida para un plan y presupuesto dedicado a preparar nuestras mejores galas, peluquería, tacones y pedicura. Incluyamos esto en nuestros planes.
Día 16: «La intimidad conyugal». Dejar un espacio muy cuidadoso para las cuestiones de pareja. Es momento para volver a enamorarnos y crecer en admiración.
Día 17: «El método Marie Kondo». Para acoger la Navidad y sus regalos, debemos de hacer espacio. Si nos deshacemos de lo que tenemos, debemos contemplar los sentimientos que puede remover despojarse de apegos.
Día 18: «Decir a viva voz 'Feliz la Navidad'». Entender qué es lo que estamos diciendo y hacerlo con un verdadero propósito que nazca del corazón.
Día 19: «Abrazos». Son fechas que invitan a abrazarnos. Un abrazo sincero puede pasar por el perdón y reconciliación. Huyamos de esos absurdos ajustes de cuentas y abrámos nuestros brazos a la confesión.
Día 20: «Playlist». La Navidad es el momento de asistir al gran concierto de nuestra vida. Hagamos una lista de villancicos y canciones y cantemos sin vergüenza en cada esquina.
Día 21: «Planificar horarios realistas». Cuando llega el momento de coger vacaciones, establezcamos planes bien organizados y cumplámolos. Es bueno dedicar un tiempo a visitar motivos navideños: un belén, ir a visitar a los pajes o Reyes Magos, etc.
Día 22: «El día de la salud». Los bombos de la lotería nos han vuelto a dejar los bolsillos vacíos. No sólo podemos acordarnos de la salud, sino que puede ser un buen día para rendir tributo a los que ya no están.
Día 23: «Supehéroes». Los superhéroes de estas fechas no llevan capa, sino delantal. Que tengan un día para recibir su homenaje.
Día 24: «Noche de Paz». Es la noche en la que hacemos paréntesis de cualquier guerra. Recordemos que hasta los combatientes de la Primera Guerra Mundial se dieron cuenta de que eran humanos y hermanos en la tregua de Navidad. Las trincheras británica-alemana se lanzaron mensajes de paz entre uno y otro bando. Hagamos lo propio.
Día 25: «Día de Navidad». Momento de recordar «el gran milagro». Ir juntos a misa, entender cada parte de la misma, recibir, acoger.
Día 1 de enero: «Año Nuevo». Los propósitos no deben ser (otra vez) metas cortoplacistas y de riesgo de abandono temprano. Un buen comienzo pasa por intentar hacer lo mismo, pero hacerlo cada día mejor.
sábado, 4 de diciembre de 2021
«Emociones saludables»
Se acerca la Navidad y, con ella, pueden aparecer sentimientos encontrados a los que, un año más, volvemos a añadir incertidumbres relacionadas con la pandemia. Sabemos que no se ha ido y que podrían acontecer restricciones nuevas (o recurrentes) que generan interferencias en nuestras rutinas, costumbres o tradiciones. ¿Podremos reunirnos en familia para la cena de Nochebuena? ¿Cuántos comensales incluimos en la comida de Navidad? ¿Tenemos que presentar certificado de vacunación para salir en Nochevieja?
Seguimos sin tener claro si vamos a celebrar estas fiestas con los demás o dejar los encuentros familiares para un tiempo más seguro. Nos rendimos ante la fatiga social de una situación que dura ya casi dos años y que, en muchas personas, genera estrés y ansiedad.
¿Cómo podemos sobrellevar estas fechas?
Las emociones en estos tiempos son como el colesterol o el azúcar: la Navidad puede disparar descompensaciones por el tipo de productos que se consumen. Pero también hace brotar emociones que pueden afectar negativamente a personas especialmente vulnerables. No debemos desatender el aspecto emocional. Es importante adaptarse a las circunstancias y buscar soluciones que permitan vivir una Navidad física y emocionalmente saludable. Gestionar el estrés o la ansiedad depende de nosotros.
Los siguientes consejos pueden ser de ayuda:
1-Detectar qué necesidades tenemos y actuar en consecuencia.
El primer paso es plantearnos qué es lo más conveniente en esta situación. Puede que lo que de verdad nos apetezca sea pasar tiempo con personas concretas, no con toda la familia. Esto puede conllevar ventajas como tener una relación más cercana. En las grandes reuniones familiares, estamos con todos pero, a la vez, no estamos con nadie. El objetivo es saber qué nos gustaría realmente hacer para preservar nuestra salud, y así poder planteárselo a nuestros familiares.
2- Buscar alternativas a los encuentros si no vamos a poder reunirnos.
En caso de que lo que nos genere angustia o tristeza sea que este año no vamos a poder reunirnos con los demás como en otras ocasiones, no tenemos por qué encerrarnos en soledad. Podemos buscar alternativas que nos permitan disfrutar de esa compañía que nos gustaría tener, aunque sea por separado. No tenemos porqué dejar de ver a gente, de hablar con quienes queremos o de expresarles lo que sentimos por no estar físicamente juntos en esta fiesta.
Si no vamos a cenar con toda mi familia, quizá podamos dar un paseo en el campo, tomarnos un café o incluso estar en la cena, pero virtualmente.
3- No tener miedo a expresar nuestros miedos.
La incertidumbre general que ha traído consigo la pandemia puede generar bastante estrés, pero en el momento en que uno decide lo que quiere hacer, ese estrés va desapareciendo. Y si nos da miedo poder contagiarnos, decirlo es la mejor opción. Cuando hay riesgo de contagio, tenemos que saber muy bien con quien nos vamos a reunir, hablar previamente con ellos de las medidas de prevención y que haya un compromiso de antemano para cumplirlas. Pero si tenemos dudas, mejor no pasar una mala noche. Si no se acuerdan esas medidas y se respetan después, el encuentro podría resultar incómodo, además de arriesgado.
En cualquier caso, si preferimos no reunirnos, no pasa nada por decirlo. Tenemos que aprender a decir no, a declinar cosas sin dar demasiados argumentos. Basta con explicar que, aunque nos encantaría estar con todos, este año hemos decidido no ir a la cena. Eso sí, no podemos enfadarnos si el otro no lo comprende. Debemos entenderlo igualmente sin sentirnos obligados a cambiar nuestra decisión. Es necesario ser asertivos.
4- Evitar la negatividad.
La aceptación de las emociones, también de la tristeza, la angustia o la rabia, es importante para nuestra salud emocional. Y para lograrlo, debemos tener presente que esas emociones están cumpliendo una función, por eso las experimentamos. También es clave no tender al pesimismo. Pensar de forma dramática en la situación, convenciéndonos de que va a ser horrible no poder estar con mi familia estas navidades, no nos aporta nada. Ese tipo de pensamientos no son realistas ni de ayuda.
5- Aprovechar para despedirnos de los que ya no están.
Muchas familias han sufrido la pérdida de seres queridos durante la pandemia y será una Navidad sin ellos. El hecho de que en gran parte de los casos no nos hayamos podido despedir de esos familiares de la forma en que nos hubiera gustado puede hacer más complicado el duelo. Es un buen momento para hacer un pequeño homenaje o recordar de forma especial a esa persona que ya no está, centrándose en las cosas positivas que hemos compartido. Agradecer el tiempo que pasamos juntos y, aunque cueste, intentar aceptar la muerte como parte de la vida.
6.- Cuida tus hábitos de forma integral.
La práctica regular de ejercicio físico, alimentación, hidratación, respiración y descanso adecuados son otros de los pilares que no puedes olvidar. Programa (no improvises) estas actividades para evitar automatismos desencadenados desde instintos regidos por las emociones. Engullir, negar, sustituir las emociones o aplacarlas con otras coductas (tabaco, ingesta inadecuada, ejercicio compulsivo, riñas a los demás) nos aleja de vivir de forma sana. Caerás en situaciones que he denominado: tiranía emocional, sobredosis emocional, caquexia emocional, adicción emocional, entre otras. Conocer nuestras emociones es el primer paso para aceptarlas. De todo aprendemos, podemos ver esta situación tan diferente como una oportunidad de aprender, de reflexionar y de compartir con los demás de otra forma.
Ya sabes, en Navidades hay que evitar empachos y engullir sin medida.
Tanto alimentos… como emociones.
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